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Hoy es siempre todavía. -Antonio Machado-

Cuando un hombre, que es joven y se cree inmortal, siente que todo se derrumba -el porvenir vaticinado en los pactos con el Diablo, los sueños de inasible belleza, la utopía que se doraba como pan en la inimaginada fragilidad de la conspiración-, busca una mujer. Cuando todo se derrumba, la mujer queda, resiste. Nadie sabrá decir, nunca, por qué.

-A.R-
"(...) Ante ella, repetiré que no he escrito un libro sobre la guerra, sino sobre mí y sobre la lengua de uno que jamás escribirá contra la guerra, contra la lluvia, los sismos, ni las tormentas, y siempre contra las maneras equivocadas de nombrar y de convivir con nuestro destino".

Fogwill, Los pichiciegos




Me basta así





Si yo fuera Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando  -luego-  callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.

-Ángel González-

La noche/4

Me desprendo del abrazo, salgo a la calle. 
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna. 
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una. 

Eduardo Galeano - El libro de los abrazos